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Columnistas
Por Jorge Urrea Filgueira*
21/06/2012

Sexo a los diez, y a los 20, 30, 40, 50...

Me llama un amigo lleno de angustia desde África, porque su hija, que vive en España con su exmujer y su nueva pareja, se quería escapar del colegio, a la edad de once años, para ir a tener sexo con un niño de 16 con el que se puso de acuerdo en el patio. Tras una larga conversación, para apaciguar las aguas y ayudarle a enfocar su energía, me quedo pensativo. ¿qué ocurre para que una niña de once años esté cansada de masturbarse durante un año y quiera consumar ya, y con cualquiera?

Yo creo mucho en que nos movemos por energías, por masa, por influencias, sociales, familiares, escolares, televisivas, etc. Esta niña, seguramente ha visto los dibujos manga con su sexualidad tipo lolita rebosante por todas partes, y que por cierto, tanto provoca a tantos adultos y daña a tantas mujeres por asentar el modelo de delgadez. Volviendo a ella, seguramente, es una niña que no cierra los ojos cuando pasa por las marquesinas de los autobuses, y ve estupendas mujeres y hombres semidesnudos, reclamando y vendiendo su poder por la sexualidad. Tampoco, cierra los oídos cuando oye hablar a los mayores y desde luego que en el colegio puede ser un punto, o no, ser la primera, pionera en explorar esos valles. Muchos la llamarán puta, con once años, pero otros, se acercaran interesados. Antes o después todos pasaran por el mismo sitio, eso sí, condenados por sus propios prejuicios.

Uno conduce su existencia, como conduce su sexualidad. Así de importante, con lo que más nos vale aprender a gestionar nuestra sexualidad, para saber acompañar a nuestros hijos, alumnos, pacientes, feligreses, en un camino que es natural y parejo con la existencia humana.Cuando doy terapias profundas, la sexualidad termina por salir, antes o después, como ejemplo de lo mismo que se hace en la vida no sexual, ni más ni menos. Uno conduce su existencia, como conduce su sexualidad. Así de importante, con lo que más nos vale aprender a gestionar nuestra sexualidad, para saber acompañar a nuestros hijos, alumnos, pacientes, feligreses, en un camino que es natural y parejo con la existencia humana. De otra manera, todos los libros estudiados de memoria en la escuela no son más que ruido, que pronto pasa con el fogonazo del placer, o displacer, piel arriba y piel abajo.

Ahora que cito el displacer, no todo en el mundo sexual es gozo, para muchos es una fuente de problemas, dolor, sufrimiento, falta de autoestima, adaptación al mundo, etc. No hablo de homosexualidad, que también es compleja, sino de aprender todos a gestionar una energía poderosa, que nos lleva, enciende, consume o apaga. Veía hace poco un documental muy interesante sobre la sexualidad en Japón, reino del manga, donde la falta de sexo se ha convertido en un asunto gubernamental, por la gravedad que contrae a muchos niveles. De la mano, viene el mercantilismo del mismo, no solo en la prostitución sino en el matrimonio (donde el sexo viene condicionado a que marido gane cierta cantidad de dinero), la venta de muñecas hiperrealistas vendiendo el contacto irrealmente perfecto, el auge del narcisismo onanista, y el frío, mucho frío, en una sociedad marcada por una perfección que pasó de la virtud zen a la desolación heladora,  falta de contacto y calor, y de amor, amor... tanta falta que los hombres de dinero se van a clubes especiales donde ni si quiera toman mujeres, sino que van a acariciar gatos, para suplir lo que no tienen.

Muchos adultos en España pensarán que a ellos no les toca esto, pero les invito a mirar sus relaciones sexuales, consigo mismos, con sus parejas, con sus amantes... ¿Cuanto de humanidad, calor, respeto, interés por el otro y por uno hay en el encuentro? Algunos machos y hembras alfa se desmoronan en consulta cuando se dan cuenta de que tanta masturbación diaria y montar a su mujer-hombre y amantes, no esconde más que una compulsión, una huida, un desenchufar para no sentir, para no conectar con lo que les pasa en sus vidas. Más allá estos hombres, y mujeres, descubren dolor en su sexo, en su vida, en su biografía, la falta de cuidado de si mismos, de los otros, falta de cariño, falta de satisfacción. Falta.

Verdaderamente no es una cuestión de edad, pues lo que puede empezar a los diez, se repite cual programación automática a los 20, 30, 40, 50...  tampoco es una cuestión de represión, ¡Cuantos adultos tienen todavía conflictos internos por la represión religiosa, social, etc! Es una cuestión de educación, propia y ajena, de aprender a vivir con uno mismo, y con los demás.

Ojalá mi amigo, su exmujer, padre sustituto y demás entorno consigan acompañar a esta niña en su transición hacia la edad adulta. Ella ahora tiembla y vibra por el sexo, pero mañana puede ser por la integración de su cuerpo deformado por los cambios adolescentes, al siguiente, por el crimen y las drogas, al siguiente por su ideología política neonazi o vete tú a saber. Ojalá esta niña sea acompañada con respeto de su exploración y pulsión, con contención para que se sienta segura, sin represión pero con un limite protector de su propia inocencia y fragilidad, esa que seguimos teniendo en la edad adulta, aunque sea bien guardada. Ojalá ella no se sienta juzgada, y disfrute sanamente y para siempre de la energía sagrada que le pertenece, ojalá sienta que puede pedir ayuda, preguntar, buscar referentes externos sanos y encontrar su auténtico referente interno, magistral. Si esta niña lo consigue, tendrá mucho que enseñarnos a todos, niños y adultos, occidentales y orientales, que tenemos mucho que aprender.

Jorge Urrea Filgueira www.psico-tao.com

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Fuente: M&C Press
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