Jueves 23 de Mayo - 00:12



Todavía no llegué...
Por Mercedes Wullich, Directora de M&C
24/10/2011

Defender la alegría en tiempos convulsos

La reina Sofía preside el desayuno en el que se celebran los 50 años de Unicef y su pelea por mejorar las condiciones de los niños en el mundo. Y cuando escucho a las mujeres que llevan adelante esa tarea y cómo han logrado, con muchísimo esfuerzo, cambiar la vida de los demás, vuelvo a pensar en el rol que tienen las mujeres, en los temas en los que se involucran, en el compromiso que asumen y en por qué sus voces no son más escuchadas.

Hay momentos estratégicos en los que se debe sumar para alcanzar objetivos cuando quienes están en la vereda de enfrente son un bloque: para discutir las diferencias, siempre hay tiempo.

Ha cambiado el clima y llego con prisa y algo de frío al encuentro con mi gurú que me pregunta por el contenido del Congreso de El Ser Creativo. Cuando le hago el resumen, destaco a un economista argentino -David Konzevik-autor de la teoría "La Revolución de las expectativas", a quien puedo escuchar en un espacio reducido y cercano y disfrutar de su inteligencia, de su ironía y sobre todo, de su sabiduría. Es el hombre del NO: no ha escrito libros, no concede entrevistas, no escribe en periódicos y revistas. Sólo habla de lo que sabe cuando lo convocan. Y su verbo despierta las mentes de quienes lo escuchan.

De expectativas hablo con mi gurú que apunta y suspira. Repasamos proyectos y objetivos, hablamos de la exhibición impúdica del cadáver de Gadafi y de la compleja situación mundial. Nos centramos en las oportunidades y me obliga a dejar de lado un proyecto que empieza a distraerme para que logre lo que más me cuesta y según él, más valor tiene en tiempos convulsos: el foco.

Me reencuentro con María José Pérez-Cejuela en la Jornada sobre Conciliación y Diversidad de Yo Dona y la escucho defender con verbo firme, la necesidad de que las mujeres estén en los lugares compartiendo poder y responsabilidad con sus colegas varones. Habla de no retroceder y aprovecho en el café para preguntarle sobre lo que se comenta en el barrio: con el gobierno del PP habrá retroceso en los logros que las mujeres obtuvieron de la mano del gobierno socialista. Abre los ojos y desmiente la versión además de comprometer su trabajo para que se siga el camino andado desde la Dirección de la Mujer que conduce.

Hablamos de cuántas más son las cosas que comparten las mujeres, no importa los signos políticos, y cómo hace falta estar en la misma ruta para seguir avanzando en lugar de disgregar fuerzas y distraernos discutiendo las diferencias.

Parafraseando a mi compinche, hay momentos estratégicos en los que se debe sumar para alcanzar objetivos cuando quienes están en la vereda de enfrente son un bloque: para discutir las diferencias, siempre habrá tiempo.

Leo que el director de la división de empleo, trabajo y asuntos sociales de la OCDE, John Martin,  se dedica a repasar la evidencia empírica de la contribución de los inmigrantes al sistema fiscal de los países receptores y de cómo la OCDE perderá un 30% de población en edad laboral en 2020.

Me gusta lo de la evidencia empírica y pienso cuán necesario sería que lo tuviéramos en cuenta para tantas cosas que se plantean a diario y que tenemos el deber de defender.

La palabra defender me lleva lejos, y mientras voy caminando por el Paseo de Las Delicias, apurando el paso porque quiero estar puntual en mi próxima cita a dos pasos de Atocha, suena en mi cabeza una de las tantas canciones de Serrat que en tiempos como estos debería ser un himno de canturreo obligatorio. Defender la alegría.

 

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Fuente: M&C Press
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