Lunes 28 de Julio - 18:22



Todavía no llegué...
Por Mercedes Wullich, directora de M&C
17/10/2011

De la RSE a la RSG, sobre la indignación y las mujeres

Las empresas organizan días solidarios y carreras solidarias, aumentan l@s consumidor@s verdes, Ban Ki-Moon pide a líderes mundiales que escuchen al movimiento de indignados y el Instituto Coca-Cola de la Felicidad estrena un micro-programa -la felicidad en cuatro minutos o qué cosas hacen felices a los españoles- como un foro de reflexión custodiado por expert@s.

No parece que las cosas anden tan mal, me dice mi gurú cuando paso revista a las últimas noticias. Yo sin embargo, recordando que acaba de celebrarse el Día de la Mujer Rural, le digo que según la ONU, todavía hoy las mujeres realizan la mayor parte de las tareas agrícolas en el mundo y casi son invisibles.

El próximo 20 de octubre, Forética dará a conocer los resultados del proyecto "Acelerando la RSE en empresas públicas" un proyecto enmarcado en la iniciativa europea Enterprise 2020 que dará cuenta de cómo están las cosas en este sentido.

Mucho se habla en estos días sobre que un cambio de signo en el gobierno traería aparejado un retroceso en materia de igualdad y de todo aquello que desde muchos puntos de vista ha sido un avance en estos años.Luego de asistir a la presentación del Libro Blanco sobre la situación de las mujeres en la Ciencia Española, recojo las palabras de la ministra Cristina Garmendia que dice que aunque el 60% de las personas tituladas en la universidad española son mujeres y se gradúan con mejores expedientes que los varones, "sólo el 23% del profesorado de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el 15% de las cátedras de universidad están ocupadas por mujeres",

Esto sucede aunque España disponga de un marco legal modélico recientemente reconocido por la catedrática de la Universidad de Stanford, Londa Schiebinger, una experta mundial que aseguró que si la legislación española se aplicara adecuadamente en el futuro, España se pondría a la cabeza entre los países modelo de buena práctica internacional.

De las mujeres rurales a las mujeres científicas, la brecha existe y los pasos son lentos: como si cada una llevara encima una mochila que no le corresponde, pero que hace más pesado cada paso y por lo tanto más lejano el objetivo.

Las mujeres rurales representan hasta un 70% de la mano de obra agrícola y sin embargo, no son dueñas ni del 10% de la propiedad en los países desarrollados y apenas rozan el 2% en los países en vías de desarrollo.

Si hablamos de mujeres en la ciencia, en los últimos 20 años el porcentaje de catedráticas solo ha aumentado en un 6% y es en el acceso a los altos cargos en la carrera, donde las científicas encuentran mayores escollos.

La RSE está incorporada ya en el léxico,-y en muchos honrosos casos, -afortunadamente cada vez más- en las prácticas de las empresas españolas.

La pregunta es ¿qué parte de la RSE es la que más cabalmente representa los afanes y promesas de quienes se sienten involucrad@s en esa lucha?

Sostenibilidad, cambio climático, accesibilidad, ecología, consumo responsable, integración social y laboral de personas con discapacidad, reducción de emisiones, derechos humanos, protección de la infancia... son muchos de los ingredientes de la RSE qué más difusión tienen a la hora de hablar  de las acciones de quienes asumen estos objetivos para ser mejores empresas o instituciones.

¿Y qué pintan las mujeres en esto? Hace un tiempo leí que debería también aplicarse la RSG -responsabilidad social de género- una variante de la responsabilidad social de las empresas, que se definiría como la responsabilidad de una organización ante el impacto que sus decisiones o actividades ocasionan en la sociedad. Y en las mujeres.

Mucho se habla en estos días sobre que un cambio de signo en el gobierno traería aparejado un retroceso en materia de igualdad y de todo aquello que desde muchos puntos de vista ha sido un avance en estos años.

Preguntemos a l@s candidat@s, preguntemos a las empresas, preguntemos a las instituciones.

Y si la respuesta es perezosa o displiscente, empecemos a indignarnos.

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Fuente: M&C Press
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