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Actualidad y economía
Obama, ¿Nobel preventivo?Me cae bien Obama. Hasta es mi tipo: Elegante, buena planta, oratoria galáctica, carisma y magnetismo indiscutibles. Para colmo, atesora en su haber el gran logro de erradicar la discriminación racial en los americanos e ilusionar a un planeta huérfano de héroes. Pero seamos sensatos, para ganar el prestigioso premio aún está un poco verde. A no ser que los suecos quieran convertir el Nobel de la Paz en el de la Esperanza… Hasta la fecha estos galardones se otorgaban en reconocimiento a contribuciones sobresalientes al desarrollo de la humanidad. Discursos de buenas intenciones y promesas de futuro no garantizan resultados óptimos. Las personas de bien deseamos de corazón la paz en el mundo y la convivencia fraternal entre naciones, pero careciendo de la dialéctica hipnótica de Obama y su repercusión mediática internacional, jamás nos darán premio alguno por ello. A mi entender acumulan más méritos por la paz Shadi Sadr, defensora a ultranza de la discriminación legal de las mujeres iraníes, o Ellen Johnson, primera presidenta electa de un país africano, Liberia, tras catorce años de atroz guerra civil. La honorabilidad de los miembros de este tipo de jurados – seré malvada, me acaban de volver a la cabeza el príncipe monegasco y sus entrañables amigos del CIO – no es sinónimo de sentido común ni justicia en la toma de decisiones. Además, el honor y la dignidad también se presuponen en el resto de los mortales sin que seamos juzgados en nuestros trabajos y responsabilidades en base a ellos, sino por resultados tangibles y acertados. Pero las buenas intenciones con voluntad férrea podrían convertirse en realidades. Ojalá todos – hasta el mismo premiado – tengamos que tragarnos nuestra incredulidad y sorpresa mayúscula porque Obama haga méritos sobrados para disfrutar con justicia de un galardón precipitado, de un Nobel preventivo. Obras son amores…
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